El amigo de las tormentas

7/23/2006

y seguido. Cerrado por vacaciones


Echamos el cierre tres semanas para viajar y dedicarnos a lo que realmente importa, como las películas de serie b de Vincent Price en la FNAC de Lisboa, las borracheras en los tejados, las canciones de David Kitt y la sonrisa más bonita.

Cierro los comentarios, que no me apetece lidiar al regreso con una sobredosis de spam. Felices vacaciones a todos y gracias por dedicar más de un minuto a leerme. A la vuelta más y seguro que mejor.

Sonando: una mezcla imposible entre Country girl de Primal Scream y Hasta siempre, comandante, de Buena Vista Social Club.




Luis García Montero
- Disciplina secreta

" La casa como barco
en alta mar de junio.
Las calles como trenes
de noche sosegada.
Estas cosas no pasan en el mundo.
Estoy por afirmar
que ahora vivo en un libro de poemas.
Pero si tú me miras,
decidida a existir
desde el fondo templado de tus ojos,
también existe el mundo.
Y muy probablemente
yo acabaré por existir contigo. "

7/22/2006

Punto

Que tengas buenas noches hoy,
y malos sueños para quien
prefiera tenerte muerta
que no tenerte nada,
que yo te siento cerca
y no quiero más nada
que destruir la fortaleza
que tapia tu casa.
Que hoy tengas dulces sueños,
que aquí alguien no descansa,
pensando cómo rescatarte
de tan siniestras garras.

Que a mí me gustaría ser
el graduado que te secuestrara,
y huir en autobuses,
y usar cruces como espadas.
Que hoy tengas dulces sueños,
que aquí alguien no descansa,
pensando cómo rescatarte
de tan siniestras garras.

Que hoy tengas dulces sueños,
que aquí alguien no descansa,
pensando cómo rescatarte
de tan siniestras garras.

(J)

7/21/2006

Mira este desorden

No sé que te atrae de alguien como yo.
Sabes que no puedo ofrecerte el sol.
Si buscas seguridad,
nada hay seguro a mi alrededor.

Creo que estás loca al acercate a mí,
¿no sabes que puedes contagiarte así?
Si miras en mi interior verás el vacío,
verás el fin.

¿Qué es lo que quieres conmigo?
¿Acaso amas lo desconocido?
¿Qué es lo que quieres conmigo?
¿Acaso amas lo desconocido?

Difícil equilibrio
tendrás que guardar
subida a mi antena de televisión
¿No sabes que es mi hogar?,
algo incómodo, pero ¡tan cercano a Dios!.

Mira este desorden y pregúntame.
Gotas pulverizadas te responderé.
Nada hay seguro cuando
tantos frutos caen una y otra vez.
Quiero que vengas conmigo,
los dos amamos lo desconocido.Quiero que vengas conmigo,
los dos amamos lo desconocido.

(F. Alfaro)

7/18/2006

Piedras de Palestina

Miedo, tengo miedo de encontrarme el desastre.
Miedo, tengo miedo de olvidarte en parte.
Ella y su huella la creía eterna.

Cementerio,
pasa el tiempo.
Cementerio judío de Praga,
pasa el tiempo, pasa la esperanza.
Hay papeles con mensajes bajo piedras,
hay momentos en que rezo porque vuelvas.

Hay mensajes
a los muertos.

Piedras de Palestina son nuestras piedras.
Piedras de montes secos secan la tierra.
No es metáfora, es el mismo dolor,
cada vez más lejos, más abierto el rencor.

Hay esperanza pero no para ti,
hay esperanza pero no para mí.

Hay acaso amor en la carta que mandé,
hay acaso un Dios en las piedras de Israel.

Piedras de la cueva
donde anida la tristeza.
Pasa la esperanza
de dormir otra vez en tu casa.

Piedras de Palestina
son nuestras piedras
Piedras de montes secos secan la tierra.
Y la memoria de los muertos se deshace
incapaces ya de hacernos daño se deshacen.

La habitación de Ian Curtis se deshace
el olvido de la carne de una amante,
y cada vez la distancia más abierta,
la masturbación encima de una piedra.

(Fernando Alfaro)

No me gusta contar historias

El primer Godard según Susan Sontag[1]

(...) lo que suscita las críticas habituales contra las películas de Godard es precisamente la presencia, y no la ausencia, de argumento. Por muy insatisfactorio que éste sea para muchas personas, no sería correcto afirmar que las películas de Godard carecen de él, como sería el caso de, por ejemplo, de El hombre de la cámara, de Dziga Vertov; de las dos películas mudas de Buñuel, L'age d'or y Un chien andalou; o de Scorpio Rising, de Kenneth Anger, películas en las cuales se ha desechado por completo la línea argumental como marco de la narración. Las películas de Godard muestran, como todos los largometrajes corrientes, un grupo de personajes ficticios relacionados entre sí y situados en un entorno reconocible y coherente, que en su caso es casi siempre contemporáneo y urbano (París). Pero si bien la secuencia de hechos de una película de Godard induce a pensar en una historia íntegramente articulada, el resultado final no es ése: el público se encuentra con una línea narrativa parcialmente borrada o eclipsada (el equivalente estructural de los cortes bruscos). Godard hace caso omiso de la regla tradicional del novelista, que consiste en explicar las cosas tanto como parezca necesario, y suministra motivaciones simplistas o las deja a menudo sin explicar; muchas veces las acciones son opacas y no desembocan en ninguna consecuencia; y de cuando en cuando el diálogo mismo no es del todo audible. (Hay otras películas como Viaggio in Italia, de Rossellini, y Muriel, de Resnais, que utilizan un sistema de narración igualmente 'no realista' en el cual la historia se descompone en elementos objetivados y dispersos; pero Godard, el único director cuya obra se ciñe íntegramente a estos cánones, ha sugerido más medios heterogéneos que cualquiera de sus colegas para 'abstraer' a partir de una narración ostensiblemente realista. También es importante distinguir entre diversas estructuras de abstracción, como, por ejemplo, entre el argumento 'sistemáticamente' indeterminado de Persona, de Bergman y los argumentos 'intermitentes' de las películas de Godard.)


"Aunque los métodos narrativos de Godard parecen inspirarse más en los modelos literarios que en los cinematográficos (por lo menos, en las entrevistas y declaraciones nunca menciona el pasado vanguardista del cine y en cambio cita a menudo como modelo la obra de Joyce, Proust y Faulkner), nunca ha intentado, ni parece concebible que intente en el futuro, trasladar al cine cualquiera de las obras importantes de la ficción postnovelística contemporánea. Por el contrario, Godard, como muchos directores, prefiere materiales mediocres, incluso subliterarios, porque así le resulta más fácil dominar y transformar mediante la mise-en-scene. 'No me gusta realmente contar una historia -ha escrito Godard, simplificando un poco la cuestión-. Prefiero utilizar una suerte de tapiz, un fondo sobre el que pueda bordar mis propias ideas. Pero generalmente necesito una historia. Si es convencional sirve tanto como cualquier otra, o quizás aún más.' Así, Godard ha descrito despiadadamente Il disprezzo, de Alberto Moravia, la novela en que se inspira su brillante Le mépris, como 'una buena novela para un viaje en tren, llena de sentimientos anticuados. Pero este es el tipo de novela con el que se pueden hacer las mejores películas'. Aunque Le mépris es bastante fiel a la obra de Moravia, generalmente las películas de Godard muestran pocas huellas de sus orígenes literarios. (En el otro extremo de la escala se encuentra Masculin féminin, un caso más típico, que no tiene ninguna semejanza con los relatos de Maupassant, 'La femme de Paul' y 'Le signe' en los que se inspiró inicialmente.)

"Sean un texto o un pretexto, la mayoría de las novelas que Godard ha elegido como punto de partida son muy ricas desde el punto de vista argumental. Godard siente una especial afición por el kitsch norteamericano: Made in U.S.A. se inspiró en The jugger, de Richard Stark; Pierrot le fou en Obsesión, de Lionel White; y Bande à part en Fool's Gold, de Dolores Hitchens. Godard recurre a las convenciones narrativas populares norteamericanas, en las que encuentra una base fértil y sólida para sus propias tendencias antinarrativas. 'Los norteamericanos saben muy bien cómo contar historias; los franceses no lo saben en absoluto. Flaubert y Proust no saben narrar: lo que hacen es otra cosa.' Aunque lo que Godard busca es precisamente esa otra cosa, también ha entendido que es útil partir de una narración tosca. La memorable dedicatoria de À bout de soufflé - 'A la Monogram Pictures'- alude a esta estrategia. (En su versión original, À bout de soufflé carecía de títulos de crédito, y a la primera imagen de la película sólo la precedía este lacónico saludo a quienes habían sido, en Hollywood, los más prolíficos proveedores de películas de acción, filmadas con escaso presupuesto y en muy poco tiempo, durante los años 30 y principios de los 50.) Esta iniciativa de Godard no fue producto del descaro o la impertinencia, o sólo lo fue en pequeña medida. El melodrama es uno de los recursos intrínsecos de sus argumentos. Basta pensar en la búsqueda de Alphaville, típica de los comics; en el romanticismo de À bout de soufflé, Bande à part y Made in U.S.A., propio de las películas de gangsters; en el clima de Le petit soldat y Pierrot le fou, semejante al de las historias de espías. El melodrama -que se caracteriza por la exageración, el enfrentamiento y la 'opacidad' de la acción-suministra un marco adecuado para intensificar y trascender los procedimientos realistas tradicionales de la narración cinematográfica seria, pero en condiciones que no están necesariamente condenadas (como lo estaban las películas surrealistas) a parecer esotéricas. Al adaptar materiales conocidos, manoseados, vulgares -mitos populares de acción y atractivo sexual-, Godard gana una libertad considerable para 'abstraer' sin perder la posibilidad de ganarse al público de salas comerciales." (1968)

[1] Estilos radicales. Barcelona, Muchnik, 1985

Amigos comunes

Por más que lo intente no me puedo sacar de la cabeza “Our mutual friend”, de Divine Comedy y debo tararearla hasta en sueños. No me puedo quitar de la cabeza a Neil Hannon en el Summercase interpretando cada línea de una letra tan cómica que te hiela la sangre, más patética que divertida. Ha nacido un fan.


Por más que lo intente
No me la puedo sacar de la cabeza
Y la veo hasta en sueños.

La vi en el pub
Me la encontré más tarde en la discoteca.
Nos presentó un amigo común
Hablamos acerca del ruido
Y de cómo se hace imposible escuchar tu propia voz
Por encima de los beats y los bajos.
Hablamos y hablamos durante horas,
Hablamos en el asiento de atrás del coche de nuestro amigo
Mientras íbamos a su casa.

En el sofá de nuestro amigo
Me dijo que le gustaba de verdad
Y dije: “Genial, el sentimiento es mutuo”.
Pusimos nuestros viejos singles de 45 rpms
Y dijimos que se trata de la banda sonora de nuestras vidas
Ella dijo: “verdad, es tan poco frecuente”
Entonces bailamos a escondidas
Ni siquiera parecíamos capaces de mantener el equilibrio
De lo borrachos que íbamos
Caímos al suelo
Y cantamos una canción que no sería capaz de cantar de nuevo
Entonces nos besamos y perdí la consciencia.

Me desperté al día siguiente
Totalmente solo si no fuera por el dolor de cabeza
Me tambaleé buscando el baño
Pero todo lo que encontré fue a ella
Abrazada a otro amante
Que no era sino nuestro amigo común.

7/17/2006

Si Franco levantara la cabeza...

...me pido ser el primero en aplastársela.

18 de julio de 1936. La fecha de una traición

Cuando hace setenta años el general Franco lideró la sublevación militar contra el gobierno legítimo de la República que había jurado defender, además de abocar al país a tres largos años de muerte y destrucción, estableció la dolorosa realidad, aún vigente, de las dos Españas.


Belén Meneses


Para una España, el 18 de julio de 1936, es la fecha en que se perpetró la mayor traición contra la soberanía de un pueblo que había decidido romper las cadenas de siglos de tiranía y opresión, y libremente, reconducir su destino por el sendero de la igualdad y la justicia social. Aquel fatídico día se consumó una violación contra la legalidad y se llevó a cabo un brutal atentado contra la libertad. El 18 de julio de hace setenta años supuso el comienzo del desmantelamiento del Estado de derecho, de la pérdida de las libertades conquistadas durante la II República y el inicio del mayor acto de genocidio perpetrado por unos españoles contra otros.


Para la otra España, el 18 de julio de 1936, fecha del Glorioso Alzamiento Nacional, representa el punto de partida de la depuración de elementos indeseables que hacían peligrar la integridad de la patria. La gran Cruzada contra el “terror rojo” que amenazaba los privilegios de las oligarquías financieras, aristocráticas, eclesiásticas y militares.


Uno de los argumentos más recurrentes utilizados por quienes padecen una paranoica tendencia a justificar el alzamiento del 18 de julio, consiste en imputar a los dos bandos igual responsabilidad en el inicio del conflicto y apuntar que ambos cometieron las mismas atrocidades, equiparando a quienes se levantaron en armas contra el Gobierno surgido de las urnas con quienes defendieron la legalidad y los valores democráticos.


En la zona republicana, las detenciones y actos violentos que se sucedieron en los momentos iniciales de la sublevación fueron perpetrados por grupos aislados y descontrolados, que en ningún caso actuaron con el apoyo o la connivencia del gobierno de la República. Una vez superado el desconcierto inicial, cuando el ejército republicano comenzó a organizarse y las autoridades gubernamentales fueron recuperaron el control de la situación, cesaron de inmediato los asesinatos e incluso en algunos casos, los autores de las brutalidades cometidas fueron juzgados y condenados por tribunales militares. Por el contrario, resulta paradójico que los mayores actos de represión, ejecuciones, torturas y violaciones se llevaran a cabo en los lugares donde inicialmente triunfó la sublevación de los rebeldes. En pueblos y ciudades donde no fue necesario un solo tiro para someter a la población bajo el yugo fascista, se emprendió una feroz cacería contra los simpatizantes de la República, cargos públicos del Frente Popular, militantes de izquierdas y todo sospechoso de no comulgar con los postulados de la España Nacional. Las matanzas, los paseos y las vejaciones y humillaciones públicas contra los rojos y sus familias, llevados a cabo por los propios militares, pistoleros falangistas y personas de bien de la localidad, pronto se tornaron en dramas cotidianos que sembraron el terror y tiñeron de sangre cada rincón ocupado por los salvadores de la patria. En aquellos dramáticos momentos, ni los más pesimistas podían siquiera imaginar que tanto sufrimiento y tanta muerte inútil, no era más que un siniestro anticipo lo que estaba por llegar.


Mención aparte merecen los representantes del clero, que en lugar de posicionarse al lado de los perseguidos y sus familias, tal como cabría esperar de una institución cuya doctrina se asienta en la caridad cristiana y la empatía con el sufrimiento ajeno, tomaron partida por los verdugos convirtiéndose en cómplices, cuando no en precursores, de la sañuda crueldad de los sicarios fascistas. Clérigos y sacerdotes, abrazaron entusiastas la causa de la Santa Cruzada, y a lo largo de los años encubrieron, ampararon y silenciaron las atrocidades de un régimen que se afianzaba bajo el palio protector de las autoridades eclesiásticas.


Resulta difícil encontrar archivos o documentos donde se recojan declaraciones de oficiales del Ejército Popular alentando al asesinato indiscriminado o al ensañamiento con el enemigo. No ocurre lo mismo en el bando franquista, donde son numerosos los testimonios escritos o radiados (los mismo militares alardeaban sin tapujos de las heroicas gestas), animando a sus tropas e incluso a la población civil a asesinar, violar y torturar. Para muestra, reproduzco algunos extractos de declaraciones efectuadas por los más destacados oficiales del Ejército Nacional, que dan nombre a las calles y plazas de nuestra geografía.



“Es necesario crear una atmósfera de terror, hay que dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros. Tenemos que causar una gran impresión, todo aquel que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado”. Declaraciones del general Emilio Mola al comienzo de la sublevación.



“Tenemos que matar; matar y matar. Son como animales (…) Al fin y al cabo, ratas y piojos son los portadores de la peste. Nuestro programa para regenerar España consiste en exterminar un tercio de la población masculina. Con eso se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado. Además también es conveniente desde el punto de vista económico. No volverá a haber desempleo en España”. Entrevista del capitán franquista Gonzalo Aguilera, concedida al periodista John Whitaker.


"Naturalmente que los hemos fusilado ¿Pensaban que me llevaría conmigo a 4.000 rojos mientras mi columna avanzaba luchando contrarreloj? ¿Debía dejarlos en libertad a mis espaldas permitiéndoles que hicieran nuevamente de Badajoz una ciudad roja?" Declaraciones del general Yagüe a un corresponsal estadounidense tras la matanza de la plaza de toros de Badajoz


“Nuestros valientes legionarios y Regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”


"¿Qué haré? pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré".

"Ya conocerán mi sistema: Por cada uno de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos, y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello: les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos los volveré a matar". Algunas de las arengas radiofónicas proclamadas desde Radio Sevilla por el general Queipo de Llano.

"Estoy dispuesto a exterminar, si fuera necesario, a toda esa media España que no me es afecta." Declaraciones de Franco al corresponsal Jay Allen.


Mientras que el Ejercito Popular republicano concentró sus esfuerzos bélicos en intentar ganar una guerra que ni habían promovido ni originado, con el objetivo de derrotar al fascismo y restablecer la legalidad constitucional de la República, los rebeldes sublevados, además de combatir para conseguir la derrota incondicional del enemigo, se entregaron con notable ardor guerrero a la noble tarea de aniquilar cualquier vestigio que pudiera suponer un foco de disidencia contra el futuro régimen. Un verdadero holocausto iniciado en aquel verano de 1936 que no terminó con la victoria de Franco. El plan de exterminio emprendido por los nacionales durante la guerra desembocó en una cruenta venganza que se prolongó durante cuarenta años de terror franquista, bajo el auspicio de un régimen que nació y murió matando y que fomentó hasta el final la división de los españoles entre vencedores y vencidos.


En memoria de todos los españoles que se mantuvieron al lado de la legalidad republicana, y aún cuando el 18 de julio sea una fecha que provoque nuestra más categórica repulsa, es un compromiso moral y una cuestión de justicia histórica recordar aquella fatídica jornada. Debemos hacerlo para que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan juzgar libremente quienes fueron las victimas y quienes los verdugos; que bando defendía la legalidad y cual luchó por derrocarla; quienes defendían la democracia y quienes la combatían. Es necesario evocar nuestra historia porque no es de justicia olvidar quienes fueron los españoles que entregaron sus vidas por defender la causa de la libertad y quienes les persiguieron, encarcelaron y asesinaron por ello. Las generaciones que ignoran lo que significa sobrevivir bajo la opresión de un régimen totalitario, que han tenido la fortuna de nacer y vivir en democracia, deberían tener presente que los principios y valores que hoy compartimos y asumimos con naturalidad como incuestionables, son la herencia de aquellos vencidos, que en un ejemplo de entrega, dignidad y espíritu de lucha, sembraron la semilla ideológica que hoy sustenta nuestro sistema de libertades.


Aunque las secuelas de la historia sigan causando dolor, el pasado no puede ser enterrado por los intereses de unos y el miedo de otros. Hay que recordar por aquellos que ya no pueden hacerlo; por las esperanzas truncadas, por las almas desterradas, por los secretos obligados, por los silencios impuestos, por las familias rotas, por las vidas desgarradas, por los sueños desbaratados, por las libertades perdidas... Hay que recordar porque se lo debemos a nuestros vencidos. Hay que recordar porque un pueblo sin memoria es un pueblo sin historia, sin identidad y sin futuro.


http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=20924

Summercase II: todos los gobiernos son unos mentirosos y unos asesinos

Cuando me planté el segundo día en Summercase a las seis y media, el recinto parecía el campo de prisioneros de Papillon, desierto y árido. El escenario propicio para las canciones roc(k)osas de Alex Torío, que a falta de público le puso oficio al asunto.
No conocía a Trabant, pero no recuerdo haber abierto los ojos tanto en todo el festival (de espanto, de sorpresa, de incredulidad). Vestidos para una versión sin presupuesto de El Día del orgullo Gay, intercalan poses a lo Freddy Mercury con bizarros hits de entrepierna y saliva. Su grotesco/tierno cantante se fue despojando de toda su ropa a medida que transcurría la actuación hasta quedarse con un tanga que dejaba muy poco lugar para la imaginación, para desgracia de todos. Sólo por la chulería y el morro que le echan, merece la pena.
En las antípodas, David Kitt aparecía poco después en uno de los escenarios grandes para regalar al poco público que esperaba sentado para verle una de las mejores actuaciones del festival. Las del irlandés son pequeñas canciones que se hacen muy grandes y que dejan poso. Kitt se excusó por no haber dormido y aplaudió al público que le aplaudía reconociendo que probablemente para la mayoría todas sus canciones eran nuevas. A los poquitos que le conocíamos de antes nos acabó de enamorar del todo. Si encima te regala una canción que te trae recuerdos de playa, besos y viajes, entonces rozas la felicidad con los dedos. No, no puedo ser objetivo con David Kitt..
Haciendo tiempo para decidirme entre Adam Green y Twilight Singers me topé con los Dirty Pretty things. Yo no sé qué carajo le ve la plana mayor del periodismo musical a la nulidad de Peter Doherty y sus maneras de mártir del rock de Todo a 100, pero yo prefiero a la otra mitad de los Libertines. Me pareció un concierto correoso, sucio, agresivo, excitante. Y cómo aporreaba la batería esa bestia parda….
Al final opté por el nuevo grupo de Greg Dulli, aún sin haberles escuchado anteriormente. No puedo más que dar las gracias a quienes me los recomendaron. Yo no sé cómo sonarían Afghan Wings en concierto, pero quedé impactado por esa voz aguardentosa, esas historias al límite, esa banda tan conjuntada. Todo un lujo.
De camino al escenario donde iban a actuar Belle and Sebastián vi de refilón a un Adam Green bastante ebrio cantando en español unas líneas incomprensibles sobre “pellliculas”. Seguro que me equivoco, pero le prefiero en disco. Me encuentro entre quienes prefieren al Stuart Murdoch tristón de los primeros discos, pero no puedo objetar nada ante un concierto tan soberbio como el que ofrecieron Belle and Sebastian. Optaron por el lado más soulero, más animado de su repertorio, con el buen gusto de rescatar de la prehistoria piezas tan redondas Electronic Reinassance o If you´re feeling sinister. Aunque contaban con uno de los públicos más entregados de antemano del festival, tenías que ser de piedra para que no te atrapara la magia del grupo en concierto. Quién ha visto a Murdoch (parapetado tras su guitarra y su timidez) y quién le ve ahora (bajando al público y bailando sin parar).
Después de subidón semejante uno tiende a pensar que el siguiente concierto será peor, pero ahí estaban los Super Furry Animals cantando a Calimero y aleccionando al público sobre lo asesinos y manipuladores que son todos los gobiernos. Me hubiera gustado quedarme hasta el final porque lo estaban clavando pero había que correr para coger un buen sitio con Sigur Ros. Este es otro de los grupos vapuleados por la crítica, y cada vez lo entiendo menos. Con hasta ocho músicos en el escenario (refuerzos impresionantes de cuerda y vientos), los islandeses nos dejaron con la boca abierta y perplejos ante esa combinación de tensa calma y furia sónica que suelen bordar en sus canciones. Hasta tres veces tuvieron que salir a despedirse del público, que no paró de aplaudirles a rabiar. Y es que, como me dijo alguien que ya les ha visto en otras ocasiones, Sigur Ros están en otro mundo. Pues sí, es otro mundo, y aunque tocaran un día entero se te haría igual de corto.
Y a correr de nuevo para disfrutar brevemente del espectáculo de Daft Punk disparando sus andanadas cibernéticas desde una pirámide gigante. A bailar con Around the World y One more time y a pillar sitio para ver a Massive Attack. Asunto difícil porque la afluencia de público se disparó el sábado.
No creo que les acompañara el sonido, pero supieron balancear su parte introspectiva con la retrospective para hacer un concierto sólido (de Unfinished simpathy a Inertia creeps), aunque sin sitio para la sorpresa. No es una sorpresa, es un lujo poder ver a Elizabeth Fraser cantando Teardrop. Dan ganas de abrazarla con esas canas y esa cara de buena. Sonaron todas las que tenían que sonar y acabaron en la cima, con las dos baterías atronando, el bajo crujiendo y alguno del público preguntándose si no se habían confundido con Mogwai.
Tampoco pude ver casi a Fatboy Slim, aunque no me dio la impresión de que me estuviera perdiendo nada del otro jueves. Opté por ver pinchar a James Murphy de LCD Soundsystem, que es como asistir a una clase de historia de la música del baile. Sin concesiones evidentes al público, se marcó una sesión impecable. Seguro que Amable poco después conseguía hacer brincar a los atrevidos que aún pululaban por ahí, pero este soldado se retiró justo antes. A descansar con la sonrisa en los labios.

Summercase I: rezando al santo

Los foros de Internet son un refugio de amargados y plañideras que no se debería frecuentar antes de acudir a un festival de música. Yo cometí el error de meterme en uno para ver los horarios del festival y casi me dieron ganas de vender la entrada. Entiendo que hubo fallos en la organización (dos de los escenarios estaban demasiado cerca y algunas coincidencias en los horarios eran difícil de explicar), pero con lo huérfano que está Madrid de festivales de música, quizá se deberían haber afilado menos las hachas. Sobre todo porque al final la cosa salió mejor de lo que todos pensábamos y la sensación que imperaba era que mereció la pena desplazarse a Boadilla para estrenar el primero de los Summercase.
Yo lo estrené con The paddingtons, una especie de hooligans que recuerdan a los primeros Clash, con pegada pero sin demasiado talento ni chispa. The Concretes son entrañables. Ataviados con los excedentes del vestuario de Eurovisión 74, el grupo suena dulce sin resultar cursi, melosos sin rozar lo empalagoso. No van a salvar el mundo, pero se merecen dos minutos de atención. Al menos algo más que los insoportables The feeling, tan ñoños que a su lado Starsailor parecen Black Sabbath.
Creo que Divine Comedy bordaron su actuación. Se trata de un grupo al que siempre tengo la sensación de que presto menos atención de la debida. Para dramas, prefiero a Tindersticks o Perry Blake. Así que cuando salió al escenario Neil Hannon arropado por la banda al completo, comprobé que tengo almacenadas en la memoria más canciones memorables de lo que podía recordar. Ahí estaban Lady of a certain age, something for the weekend, generation sex y our mutual friend. Y ahí estaba el simpatico de Hannon sobreactuando sin resultar pesado, haciendo reír al público con sus ocurrencias e interpretando (literalmente) algunas de las letras con un chorro de voz impensable para tan poquita cosa. Un concierto a reivindicar.
Lo ajustado de los horarios me impidió quedarme más de lo que me hubiera gustado al concierto de Rufus Mainwright. Lo poquito que ví sonaba potente, emotivo, vibrante, pero supongo que era un concierto que exigía otro momento y lugar. Espero resarcirme pronto. Tampoco pude ver la actuación completa de Happy Mondays, pero lo que ví me gustó más de lo que esperaba, que era muy poco. Daba por sentado que Shaun Ryder saldría tan puesto de todo que no sería capaz de encarar una maldita frase, y sin embargo me fui corriendo a ver a New Order con la sensación de que me perdía un concierto muy decente. Por cierto, Bez es encantador. Con sus maracas y su baile hipnótico consigue sacarte la mejor de las sonrisas. Mejor verle a él que al bueno de Ryder, hinchado y con un gorro de Adidas tapándole casi hasta los ojos.
Y sí, carrerita para ver, por fin, a New Order. Realmente no sé si Love will tear us apart sonó tan mal, si la jodieron en temptation, si abusaron de las pantallas…ni me importa. Sólo por el hecho de haberles esperado tanto, de poder cantar las canciones que me han acompañado durante años, de ver a Peter Hook tocando el bajo frente a mí y metiéndose con sus colegas mancunianos del escenario de al lado, les hubiera perdonado todo. Me dicen que estuvieron mejor que en el Primavera Sound del año pasado pero que aún así sonaron fatal. Lo cierto es que no me viene a la cabeza ningún bootleg del grupo en que me hubieran deslumbrado como para sentirme decepcionado con su actuación en el Summercase. En cualquier caso, el repertorio fue impecable, sazonado con ofrendas al santo Curtis (Transmission, 24 hours…), y la batería de hits que les ha convertido en lo que son (regret, true faith, blue monday para acabar, etc). Puede que si tengo la oportunidad de verles de nuevo me muestre algo más crítico, pero allí, entre las primeras filas, sin tocar apenas el suelo, me pudieron las formas del fan fatal.
Acabé tan fundido con New Order que no fui capaz de meterme en las primeras filas para disfrutar a fondo de la apisonadora sónica de Primal Scream. Es cierto que se echa de menos a Kevin Shields, pero aún así el grupo de Bobby Gillespie es siempre una apuesta sobre seguro en directo. Con una media hora final de traca (Medication, Swastika eyes, Kowalski, Rocks off) y un repertorio razonablemente stoniano teniendo en cuenta el contenido del último disco, firmaron uno de los mejores conciertos del festival, con expulsión del escenario de la niñata de Dandy Warhols incluida. Sí, Primal Scream también son entrañables, te arrancan las entrañas y te dejan noqueado.
Después del subidón de Primal Scream ya sólo quedaban fuerzas para ver sentados a Keane. Pienso que tienen una colección de singles impecable y que no engañan a nadie. Además, le pusieron empeño y ganas. Sin duda, y sin ser nada del otro jueves, se merecieron algo más que el desprecio a priori con el que les bendijeron gran parte de los asistentes al festival. Para gustos, colores…Por eso no aguanté ni medio minuto a los Chemical Brothers tirando de hard-techno en una de las carpas, a la que por otra parte no había forma humana de entrar.

7/14/2006

Dime qué se siente

Con casi siete minutos y medio de duración, Blue Monday es una de las canciones más extensas que haya entrado nunca en las listas de éxitos británicas. Se considera que es el single de 12 pulgadas más vendido de todos los tiempos, pero como Factory Records no era miembro de la British Phonographic Industry Association, nunca recibió un disco de oro oficial. Con todo, se estima que las ventas tan sólo en el Reino Unido superaron el millón de unidades.

Como sucede con tantas canciones de New Order, el significado de la letra Blue Monday se ha discutido hasta la saciedad. Si bien a Bernard Sunner no le gusta hablar de sus letras, no son pocos los que consideran que la canción tiene que ver con el suicidio de su antiguo compañero en Joy division, Ian Curtis, y el efecto que el suicidio tuvo en el resto de miembros de la banda. La letra de la canción también podría referirse a los efectos de la cocaína. Una de las leyendas urbanas en torno a la canción afirma que la banda estaba puestísima de ácido mientras la grababa, y que los productores les tuvieron que meter una cantidad industrial de café en vena para que se le pasasen los efectos del viaje.

Blue Monday es una de las canciones más emblemáticas de la escena electrónica de cualquier década. Aunque el pop con sintetizadores ya estaba en boga cuando se lanzó, fue la primera canción de la escena británica en exhibir una influencia obvia de la escena de clubs Neoyorquina. Puede que esté trilladísima (en algunos locales pincharla es motivo de despido fulminante), pero como la toquen hoy voy a levitar varios centímetros del suelo.

¿Y qué piensan los autores de la canción ?
http://www.mtv.es/mtv.es/artistas/entrevistaArticle.jhtml?id=30121578

Y ahora 20 años después es un clásico... ¿Qué se siente?

Bernard: Hemos de tocarla siempre al final y así la gente está contenta... Creo que ‘Blue monday’ no es nuestra mejor canción, pero llegó en el momento adecuado. Fuimos muy listos al escribirla cuando también empezaba la música electrónica de baile. Eso pasó porque nosotros íbamos mucho a los clubs a escuchar música y estábamos al tanto de la revolución que se estaba produciendo. Sólo queríamos capturar ese momento... como Elvis capturando el rock’n’roll. Nosotros lo hicimos con la música electrónica de baile.



How does it feel to treat me like you do?
When you've your hands upon me
And told me who you are
I thought I was mistaken
I thought I heard your words
Tell me, how do I feel
Tell me now, How do I feel

Those who came before me
Lived through their vocations
From the past until completion
They'll turn away no more
And I still find it so hard
To say what I need to say
But I'm quite sure that you'll tell me
Just how I should feel today

I see a ship in the harbor
I can and shall obey
But if it wasn't for your misfortune
I'd be a heavenly person today
And I thought I was mistaken
And I thought I heard you speak
Tell me how do I feel
Tell me now, how should I feel

Now I stand here waiting...
I thought I told you to leave me
While I walked down to the beach
Tell me how does it feel
When your heart grows cold

¡¡¡Que la toquen!!!

7/13/2006

Sí, soy uno de los tuyos

"Vi a tantos irse lejos. No pedían más que tibieza. Estaban contentos de tener tan poco, su rabia era tan pequeña. Yo oía sus pisadas, oía sus voces. Hablaban de tantas cosas superficiales. Como las cosas impresas en los diarios. Como las que se dicen en casa. ¿Qué les han hecho, hombres y mujeres? Son como piedras gastadas, como esqueletos de animales cazados. Mi corazón se rompe para verte. La vida continúa como siempre. La tierra se sacude de vez en cuando. La miseria refleja la miseria. Es un abismo. Sé que quieres creer en cielos azules. A veces, yo también creo. A veces lo creo, lo admito, hasta que no puedo dar crédito a mis oídos. Sí, soy uno de los de tu clase. Sí, soy como tú. Somos tan parecidos como granos de arena, como la sangre, siempre vertida, como los dedos, siempre heridos. Sí, soy uno de los tuyos".

Lo cantaba en el metro Odile (Anna Karina) en Bande à part, la película que Jean Luc Godard rodó en 1964. Basada en la novela pulp Fool´s Gold, de Dolores Hitchens, el director francés la definió como un cruce entre Alicia y Franz Kafka. Claro que te lo dedico, catetilla.

7/12/2006

Mi vida en un fin de semana. Summercase Festival

Ignoro los problemas de logística que han llevado a los responsables del Summercase a montar cuatro escenarios por día, sin un criterio aparentemente coherente para repartir a los artistas por cada uno de ellos, pero seguro que ya han recibido bastantes palos por ello, así que avanti!. En un ejercicio imposible de tripas corazón (la semana que viene me pierdo a Depeche Mode, Morrissey y los Pixies en el FIB), será cuestión de ver el vaso medio lleno e intentar disfrutar al máximo de lo que hay.
Tras un breve periodo de reflexión a lo Churchill, mi agenda para el viernes queda tal que así:

18:45: The Paddingtons Terminal S
19:45: The Concretes Terminal S
20:45 divine comedy Terminal E
22.15: Rufus Mainwright Terminal S
23.00: New Order Terminal 0
00.00: Primal Scream Terminal E
00.45: The long blondes Terminal N
01.30. The chemical brother dj set Terminal S
03.15: Soul Savers Terminal N

Como no podía ser de otra manera, hay damnificados. Me despertaban mucha curiosidad Two Gallants, pero seguro que habrá más de cien oportunidades para verles, que son insultantemente jóvenes. Lo siento por Hope of The States, porque me encantó The lost riots en su día. En cuanto a Happy Mondays, en fin, no doy un duro por ellos, aunque seguro que luego me sorprenden y hacen el concierto de su vida. Todo pasa a segundo plano ante la perspectiva de ver, por fin, a New Order. Como en las adaptaciones a pantalla grande de V de Vendetta o Los cuatro fantásticos, voy a ir con actitud positiva y sin ánimo de arquear la ceja, pensando que será lo más cerca que esté nunca de Joy division, y sabiendo que con semejante colección de canciones me será imposible permanecer indiferente. Espero no perderme mucho del concierto de Primal Scream, aunque me avisan que Riot City Blues es un disco del montón. Antes habré disfrutado, también por primera vez, de los dramas de Neil Hannon y del cantautor gayer por excelencia.

19:30 David Kitt Terminal E
20:45 Shout out Louds Terminal N/Greg Dulli Terminal S
21:30 Adam Green Terminal 0
22.00 Belle and Sebastian Terminal E
23:15. superfurry animalsMid lake Terminal N
0.15. Sigur Ros Terminal S
01. 00.daft punk Terminal 0
02.00 Massive attack terminal E
03.15 James Murphy Terminal S
04.45 Amable Terminal N

Y aquí sí que las elecciones son terribles. Dirty Pretty Things no me llaman en absoluto la atención hoy por hoy, pero sí me da rabia perderme a Cristina de Clovis en un escenario grande precediendo además al gran Greg Dulli con sus Twilight Singers. Pero como los asuntos del corazón tiran mucho, estaré parapetado a un lado del escenario E viendo a David Kitt y grabando el concierto a hurtadillas para “alguien”. Se trata de las mismas razones que probablemente me llevarán a ver finalmente a Keane. También es una temeridad perderme a Sparks, pero es que represento a ese 1% de la población que no ha visto a Belle and Sebastian en concierto, y no quiero que me señalen nunca más por la calle. No me apena en absoluto no ver a Cardigans, pero me incomoda enormemente sacrificar a Maximo Park por Massive Attack. Siempre espero que a última hora se caiga un artista y se produzca un baile de horarios que me beneficie. Antes, retrospecter con Daft Punk, fin de fiesta con James Murphy y, si aguanta el cuerpo, acabamos con Amable.

7/11/2006

Ojalá estuvieras aquí


Buscando información sobre la muerte de Syd Barrett te topas con los 140 muertos por los atentados terroristas en la red ferroviaria de Bombay y no puedes evitar sentirte mal por esta mitomanía que te hace pensar en muertos de primera y segunda clase.

El cantante y compositor Syd Barrett, uno de los miembros fundadores del grupo británico de rock Pink Floyd, ha muerto en el Reino Unido a los 60 años, según ha informado hoy una portavoz de la banda. "Murió en paz hace un par de días", ha indicado la portavoz, quien ha añadido que "habrá un funeral privado para la familia".

Nacido en 1946 en Cambridge (sur de Inglaterra), aSyd Barrett se le atribuye haber acuñado el nombre del grupo en 1965, en homenaje a dos músicos de blues, Pink Anderson y Floyd Council.

Su rock, con cierta fusión de jazz, convirtió al grupo en el favorito de la corriente psicodélica londinense, y en 1967 su álbum The Piper at the Gates of Dawn -compuesto mayoritariamente por Barrett, quien también tocaba la guitarra-fue un éxito comercial clave.

Tras tocar tres años junto a Bob Klose, Roger Waters, Nick Mason y Rick Wright, dejó el grupo en 1968 -cinco años antes de que el grupo publicara su álbum más conocido, Dark side of the Moon- y tuvo que ser sustituido por David Gilmour.

Inestable psicológicamente

Barrett sufría diabetes desde hacía muchos años y era muy inestable psicológicamente, a lo que se añadía el consumo de LSD. Lanzó dos álbumes como solista -The Madcap Laughs y Barreto- pero poco después se retiró de la escena musical por completo.

Tras su corta carrera en solitario, Barrett pasó los últimos años de su vida recluido en su casa de Cambridge. Allí se le veía a menudo paseando en bicicleta o yendo a la tienda de la esquina.

Aunque la carrera musical de Barrett fue breve, sus canciones llenas de fragilidad y nostalgia inspiraron a muchos músicos, desde David Bowie hasta los otros miembros de Pink Floyd, que grabaron el álbum Wish You Were Here en homenaje a él.

http://www.elpais.es/articulo/cultura/Muere/Syd/Barrett/fundador/
cantante/Pink/Floyd/elpporcul/20060711elpepucul_6/Tes/

Y si os queréis evitar el paseo hacia la inevitable wikipedia...

Infancia y juventud

Su padre murió cuando tenía la edad de 12 años, lo que marcó su personalidad. Desde niño sintió debilidad por el arte, en concreto, por la pintura y la música. A la edad de 15 años, tuvo su primera guitarra eléctrica, fabricó su propio amplificador e inició su primera experiencia musical tocando en un grupo: Geoff Mott and the Mottoes.

Inició sus estudios de secundaria en la Cambridge High School, donde conoció a Roger Waters, dos años mayor que él, pero surgió una buena amistad entre ambos. Fue allí donde también conoció a David Gilmour, quien le enseñó a tocar los primeros acordes de guitarra, más tarde David Gilmour sería quien le sustituyera en la banda. Roger Waters, consciente del talento de Syd Barrett, le invitó a unirse al grupo The Abdas, formado por Roger Waters, Rick Wright, Nick Mason y Bob Klose, este último, más cercano al jazz y cuyas preferencias de Syd Barrett por el blues, terminaron con la salida de Bob Klose del grupo.

Triunfo con Pink Floyd

Es entonces cuando Syd Barrett propone un nuevo nombre a la banda The Pink Floyd Sound, en memoria de dos viejos músicos de blues, Pink Anderson y Floyd Council. En el Thompsan Private Record Company, un estudio de grabación situado en el sótano de una casa en Hemel Hampstead, la banda grabó sus dos primeras canciones: "Lucy Leave" (una versión de "Gloria") y otra versión de Slim Harpo, llamado "I'm a king bee".

El debut en vivo del grupo fue en en el Roundhouse, el 15 de octubre de 1966. Syd Barrett tenía talento para componer, lo hacía desde los 16 años, cuando compuso "Effervescing Elephant" y lo continuó en canciones como "Interestellar Overdrive", lo que facilitó que la banda empezara a ganarse su reputación como grupo "experimental", lejano y distinto a lo que era la escena musical por aquella época.

En 1967 el grupo firma un contrato con la compañía discográfica EMI, que les publica su primer single: “Arnold Layne”, compuesto por Syd Barrett, la historia de un travestido que roba ropa de mujer del tenderero de sus vecinas. El segundo single de la banda “See Emily Play” supuso un enorme éxito, lo que originó la entrada del grupo en los estudios Abbey Road para grabar lo que sería su primer Lp: “The Piper At The Gates Of Down”. Para muchos críticos, nunca una banda avanzó tanto con su primer trabajo, icono de la psicodelia británica.

Todos los temas compuestos por Syd Barrett, excepto "Take Up Thy Stethoscope & Walk", por Roger Waters, pero esta composición pasa inadvertida al lado de temas como "Astronomy Domine", "Interstellar Overdrive", "The Gnome" o "Flaming", Syd Barrett dejaba un sello en la historia de la música que nadie ha podido igualar.

Problemas con las drogas y salida de Pink Floyd

Para entonces, sus problemas con las drogas, en especial el LSD, eran patentes, arruinando algunas actuaciones del grupo con episodios lamentables, famoso el colapso que sufrió en una entrevista para una cadena norteamericana. Fue Roger Waters quién decidió tomar las riendas del grupo y le propuso permanecer en la banda sólo como compositor, llamando a David Gilmour, para sustituirle en las actuaciones en directo. Esto acabó por hundirle, nunca lo aceptó.

En el año 1968 Pink Floyd, graba y edita su segundo trabajo: "A Saucerful Of Secrets", una continuación del primer trabajo de la banda, incluyéndose en el último tema del album la canción "Jugband Blues", compuesto por Syd Barret, el canto del cisne de un artista irrepetible. Para entonces, su estado mental, debido al abuso de las drogas, era caótico, lo que le obligó a retirase a casa de sus padres.

Carrera en solitario y ocaso definitivo

En 1969, Syd Barrett contactó con David Gilmour y le propuso la idea de grabar algunos temas que había compuesto. De esta tentaviva, surgió su primer disco en solitario: “The Madcap Laughs”, producido por David Gilmour, Roger Waters y Malcolm Jones y con colaboraciones de The Soft Machine. Un disco que hay que "exprimir" y asimilar, no apto para mentes cerradas, pero distinto a lo que cualquier otro artista de la época hubiera hecho, caótico, depresivo, incoherente. Cabe destacar de este trabajo canciones como "Dark Globe", "Here I Go" (el tema más comercial), "Octupus" (el mejor tema del Lp), "Golden Hair" (un poema de James Joyce), "Feel" (mezcla de bohemia e incoherencia) o "If It's In You" (con su voz desentonando sobre una melodía que cautiva al oyente).

En el año 1970, había compuesto nuevos temas y convenció a David Gilmour para que produjera el disco, al que se unió Richard Wright. Trabajo menos brillante que el anterior, pero con destellos de genialidad, en canciones como "Baby Lemonade", "Dominoes", "Waving My Arms In The Air" o "Effervescing Elephant".

Después de este último trabajo, nada nuevo salió de la mente enferma de Syd Barret, excepto recopilaciones, como "Opel" que lanzó la EMI posteriormente. Uno de los mitos del rock, el germen de uno de los grupos más influyentes de la música actual. Durante su largo retiro vivió en casa de sus difuntos padres, alejado de cualquier intento de volver a los escenarios o componer nuevas canciones. Tras permanecer alrededor de veinte años en el más absoluto anonimato, época durante la cual se desencadenaron cientos de rumores, como que se había hecho rico regentando una plantación ilegal de setas alucinógenas, una publicación musical inglesa le entrevistó en casa de sus padres en Cambridge (pese a la oposición de su madre) para descubrir que decía no recordar al grupo Pink Floyd ni a sus antiguos amigos, por increíble que parezca.

El 7 de julio de 2006, el atormentado genio falleció en reclusión y anonimato, por complicaciones de su diabetes. Tenía 60 años.

http://es.wikipedia.org/wiki/Syd_Barrett

Cielo gris

Northen Sky, Nick Drake, en versión Planetas

Nunca he sentido magia así,
no tuve en mis manos emociones así.
No he visto lunas,
ni he sentido el mar
o dulces brisas por encima de mí.
Y ahora que estás aquí,
brilla mi cielo gris.
Hace tiempo estoy esperando,
hace tiempo me apagué,
hace tiempo estoy vagando
entre gente que olvidé.
Y si pudieras poner en orden cuanto sé.
Me querrás por mi dinero,
me querrás por lo que sé,
me querrás todo el invierno,
me querrás cuando no esté.
Y si lo puedes hacer,
ven y házmelo saber.
Nunca he sentido magia así,
no tuve en mis manos emociones así.
No he visto lunas,
ni he sentido el mar
o dulces brisas por encima de mí.
Y ahora que estás aquí,brilla mi cielo gris.

7/10/2006

El último día del verano

Si no hay retrasos injustificados en la grabación del disco, el 31 de octubre (seguro que se filtra misteriosamente antes en Internet) podremos escuchar el nuevo disco de The Cure, una de las mejores bandas británicas de la historia, poseedora de una colección de singles que muy pocos grupos pueden igualar. Aunque sólo fuera por Disintegration (pero ya sabes que también están Faith, Pornography y The Head on the door, entre otros), ya se merecen su hueco en el panteón de los grandes. Sin embargo, no estoy muy seguro de querer otro disco de The Cure a estas alturas. En el fondo siempre deseé que fueran como aquellos grupos que se separan en su punto álgido y dejan un buen sabor de boca en la memoria. Sé que Wish es para muchos una de sus mayores obras, pero en mi opinión en ese disco ya estaba el germen de la futura decadencia del grupo, aunque levantaran algo el vuelo con ese Disintegration de baja intensidad que fue Bloodflowers.
Su homónimo último disco supuso una gran decepción, aunque a algunos de los que no son demasiado seguidores del grupo les encantara. Como en el caso de The Tears o New Order, jugaron al autoplagio, pero sin chispa, ni encanto ni canciones. Es uno de los discos que me hace abusar del skip, lo que me hace sentir algo culpable cuando se trata de mis bandas de cabecera.
También me da algo de miedo la formación que está grabando el disco. Smith se sacó de encima a Roger O´Donnell y Perry Bamonte porque se les ocurrió protestar por la forma en que había sido grabado el último disco. Estoy de acuerdo en que Ross Robinson es un productor de Nu-metal muy poco adecuado para la idiosincrasia de la banda, pero tampoco se podía hacer mucho más por algunas de esas canciones. Simon Gallup también se quejó amargamente, aunque a ver quien tiene narices para expulsar a este histórico de la banda. Smith nunca ha ocultado que es un pequeño dictador, y aunque en según qué discos se decide a dar voz al resto de miembros, a fin de cuentas el grupo es él, y no le tiembla el pulso a la hora de sofocar cualquier intento de motín a la primera de cambio. El caso es que la ballena de ojos pintados ha vuelto a dejar entrar a Porl Thompson, otro de los históricos que se había ido en su día para secundar el proyecto de Robert Plant, si mal no recuerdo. Como nuestro hombre es de todo menos discreto, no hace mucho que se jactaba que Thompson se marcaba solos de guitarra de 20 minutos que luego eran recortados en el estudio entre risas del resto de miembros de la banda. Así que la cosa se queda entre Thompson, Gallup, Smith, secundados por el discretito batería Jason Cooper, que a la chita callando lleva en el grupo cerca de diez años. Sin los teclados atmosféricos de O´Donnell podemos esperar un disco coñazo, compuesto por esas canciones que últimamente se marca la banda de más de diez minutos y que comienzan a justificar su condición de dinosaurios.
Y lo malo es que Smith no tiene el sentido de la autocrítica suficiente para reconocer cuándo ha dado un mal paso. Aún tiene la caradura de decir que Wild Wood Swings fue un disco malentendido en su día que ahora se reivindica y no es capaz de admitir lo erróneo de la producción de su último disco. En fin, que ojalá me equivoque y el disco nos arrope, como tantas otras veces, en los meses de frío. Lo que sí es seguro es que el 31 de octubre me estaré comiendo las uñas a la entrada de la tienda, impaciente por comprar el disco y encerrarme en mi habitación para escucharlo. Casi, casi igual que en los últimos 17 años.

7/08/2006

La luz en tus entrañas

Jaime Sabines -Me dueles-

Me dueles.
Mansamente, insoportablemente, me dueles.
Toma mi cabeza, córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.

Entre los escombros de mi alma búscame,
escúchame.
En algún sitio mi voz, sobreviviente, llama,
pide tu asombro,
tu iluminado silencio.

Atravesando muros, atmósferas, edades,
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
viene desde la muerte, desde antes
del primer día que despertara al mundo.

¡Qué claridad tu rostro, qué ternura
de luz ensimismada,
qué dibujo de miel sobre hojas de agua!

Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.
Soy como el hijo de tus ojos,
como una gota de tus ojos soy.
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
Levántame. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir.

--------
Menos Sabina y más Sabines.

7/07/2006

Perdido en los puzles

Con Mojave 3 me ocurre lo mismo que con The Cure o Tindersticks, que me apasionan tanto que me tomo cada nuevo disco casi como si fuera algo personal. Si dan un mal paso hasta me llevo un disgusto y llego a justificarles de puertas para fuera por un estúpido sentido de defensa del territorio propio. No me puedo abstraer del hecho de que el grupo surgió de las cenizas de Slowdive, uno de los grupos de mi vida. Tampoco puedo olvidar que el primer disco de la banda, Ask me Tomorrow es uno de los que más habré escuchado en mi vida, con esas piezas tan delicadas de orfebrería que parecía que se iban a romper en cualquier momento.
El caso es que el disco no puede empezar de peor manera, con esas guitarras a lo rockabilly de Truck Driving man que te llevan a pensar que ya hemos perdido a otros héroes para la causa. Menos mal que Neil Hastead (en esta ocasión no hay nueve canciones como casi siempre e incluso cede la batuta compositiva en The mutineer) acude pronto al rescate con un “la la la” marca de la casa. Pero no, ni aunque quisieran pueden hacer un mal disco y este está repleto de canciones redondas como Breaking the ice o Running with your eyes closed. En Puzzles like you sigue estando presente el country, Gram Parsons y la Pedal Steel guitar, pero la banda tan pronto se descuelga con un perfecto estribillo a lo Teenage Fanclub como se desmelena en un guitarreo impensable hace unos años. Aquí no se dedican a experimentar sin solución de continuidad como en Spoon & Rafter, sino que salen airosos del reto de ampliar su campo natural de batalla sin sonar forzados o acartonados.
Cuando llegas al final del disco, cuando lo has escuchado dos, tres y cien veces, es cuando te das cuenta de que no tiene sentido esperar otro Ask me Tomorrow, que Slowdive probablemente no volverán, pero que tienes un nuevo motivo para enamorarte de nuevo. Que aunque vuelvan en mil encarnaciones distintas, te van a seguir llegando hasta el hueso. También podrías pensar que estamos seguramente ante el último disco de Mojave 3 durante un tiempo (los retrasos en la edición del disco o la delicada salud de Rachel Goswell no son buenos indicadores) y disfrutar del canto de cisne de una banda irrepetible.

7/06/2006

Usted creerá que un hombre puede volar (y II)

Acción mutante

Para no repetir errores y escarnios, en las nuevas adaptaciones se buscó un marchamo de calidad, reclutando a directores de prestigio. Fue el caso de Bryan Singer, el director de la espléndida versión fílmica de los X-Men (X-Men, 2000), un grupo de superhéroes mutantes que en España son más conocidos como la Patrulla-X. Singer no se limitó a hacer una funcional obra de encargo, sino que dedicó buena parte del metraje a dotar de espesor psicológico a unos personajes imperfectos, que tienen problemas incluso para entenderse a sí mismos y a las repercusiones de sus decisiones y poderes. Si bien la película sufrió severos recortes de metraje, Singer consiguió imprimir su sello de autor a una historia que le era ajena. Y todo ello sin perder de vista a los fans de los comics, que no suelen perdonar los deslices cometidos con sus ídolos. Por lo general, quedaron bastante contentos con la buena caracterización de personajes como Cíclope o Lobezno.

Tres años más tarde tendría lugar la inevitable secuela de la película, X-Men II, de nuevo a las órdenes de Brian Synger. Libre de la pesada tarea de introducir a los personajes y su entorno, el director logró imprimir un brío a la producción del que adolecía su predecesora, consiguiendo el equilibrio perfecto entre acción y drama. Con un trasfondo social (los mutantes son perseguidos por el hecho de ser diferentes), un matizado uso de los efectos especiales y una más que digna dirección de actores, la película consiguió incluso buenas reacciones en gran parte de la crítica, habitualmente reacia a calificar con buena nota este tipo de productos.

Pero si hay un personaje emblemático de Marvel Comics, ese es Spiderman –4(Spider-Man, 2002), el deslenguado trepamuros cuyo alter-ego en la vida real es el estudiante Peter Parker, que adquiere sus poderes tras ser picado por una araña radioactiva (sic). Sam Raimi, el director de la imprescindible saga de Evil Dead, fue el encargado de llevar a las salas de cine los balanceos entre rascacielos del Hombre Araña. Sin embargo, la película se quedó un tanto por debajo de lo esperado del director. A pesar de lo acertado de la elección de Tobey Maguire como Parker (decisión cuestionadísima en su día), su estupendo diseño de producción y los golpes de humor propios de Raimi, Spiderman sufre los efectos de un metraje descompensado y llega a provocar algún bostezo que otro.

En cualquier caso, la película instauró el lema “nada es imposible ya” en el subgénero. El filme de Raimi se beneficia del empleo a conciencia de CGIs, efectos de morphing y todo tipo de trucajes visuales que permiten lo imposible: ver al héroe trepando y saltando por los increíbles edificios de la Gran Manzana, y que encima resulte creíble. Las nuevas tecnologías empiezan a permitir ya que las piruetas imposibles que llevan a cabo los héroes de los comics no resulten ridículas al plasmarlas en la gran pantalla. El dato no es baladí, puesto que durante los años 80 se abortó más de un proyecto porque los efectos especiales de la época, aun con genios como Rick Baker, no eran materialmente capaces de simular proezas como las enormes zancadas por el desierto de Hulk.

Proezas como las batallas del trepamuros contra el Doctor Octopus en el techo de un tren a toda velocidad, uno de los momentos más vibrantes de Spiderman II (Spiderman 2, 2004), película en la que, esta vez sí, Raimi clava al personaje. Peter Parker caía simpático en los comics por ser un estudiante que tiene que trabajar para sobrevivir, al que deja la novia con frecuencia, y que tiene una responsabilidad como héroe que en ocasiones le viene grande. De otra manera, un tipo como muchos de sus lectores. El realizador consigue en esta secuela encontrar el equilibrio perfecto entre los desajustes vitales de Parker y las peripecias de su alter-ego enmascarado. El resultado es una vibrante producción de acción, en la que los personajes respiran con vida propia, y que nos devuelve al mejor Raimi, al que muchos creímos haber perdido para la causa ya. Una cinta, en definitiva, que debería arrancar los numerosos prejuicios que sigue habiendo con todo lo que huela a cómic.

Los últimos de la clase

En el periodo de tiempo comprendido entre el estreno de las dos entregas de Spider-Man probaron suerte héroes de la Marvel de muy distinto pelaje. Uno de los peores parados fue Daredevil (Daredevil, 2003), el héroe ciego que ejerce de abogado en sus ratos libres. Casi todo en la película resulta fallido, desde el ridículo traje del héroe, sacado de algún club ruso de sadomaso, a la elección de los actores, sobre todo un Ben Affleck que debió confundir ceguera con parálisis facial total. Tan poco convincente resulta que se lo come Jennifer Garner (en el papel de Elektra), que no es precisamente la Garbo, cada vez que salen en pantalla juntos. Elektra era un personaje secundario habitual de los comics de Daredevil, y tanto gustó el personaje en el filme que se está rodando un spin-off para ella solita. Aun a riesgo de confundirnos, nos esperamos lo peor. Daredevil es el clásico ejemplo de película que se aprovecha del tirón del personaje para ofrecer un espectáculo hueco y vacío. El director Mark Steven Johnson convierte lo que era un potencial personaje interesante en un Batman de todo a cien. Y lo peor es que para 2005 perpetrará una nueva adaptación: El motorista fantasma. Para echarse a templar...

Aún así, Johnson no recibió ni la mitad de las críticas que se llevó Ang Lee por Hulk (Hulk, 2003). Ni los espectadores ni los seguidores del personaje le perdonaron que el enorme monstruo verde no saliera hasta el minuto 45 de proyección. Y es que el error fue vender el filme como un blockbuster de verano más, cuando en realidad es una vuelta de tuerca más a algunas de las obsesiones de Lee, como la articulación de las relaciones familiares en contextos al límite. Pero Hulk recogía además el espíritu naif e ingenuo de los primeros años de la Marvel e incorporaba el buen gusto para las escenas de acción demostrado en Tigre y Dragón (Crouching tiger, Hidden dragon, 2000). El filme es también un homenaje sentido a la criatura de Frankestein de Jame Whale, un monstruo de buen corazón que no comprende las razones de su propia existencia, y que se encuentra constantemente agobiado por hordas de hombrecillos con temor a lo desconocido. No se trata en absoluto de una película perfecta, pero sí puede alinearse sin complejos al lado de las mejores películas del subgénero.

Todo lo contrario de El castigador (The punisher, 2004), el cavernícola justiciero vengativo que bien podría haber competido con Charles Bronson durante los 80 para ver quien resultaba más cafre. Un filme con esencia y resultados artísticos de serie B, servido por Jonathan Hensleigh, otrora guionista de películas como La Junga de cristal II (Die Hard: with a vengeance, 1995). De seguir produciéndose filmes como este, no es de extrañar que los espectadores empezaran a volver la cabeza a todo producto que oliera a mallas y latex. Y es que la película hace buena la primera versión del héroe, lanzada en 1989 a mayor gloria del pétreo Dolph Lungren, que al menos tenía la ventaja de no contar con un malo tan enervante como Travolta.

Lo malo es que el último producto estrenado hasta la fecha, Catwoman (Catwoman, 2004), no parece que vaya a elevar el listón. Este personaje proveniente de las páginas de Batman supone la vuelta de DC Comics al cine después de haber estado hibernando desde el estreno Batman y Robin, pero a tenor de los unánimes comentarios vertidos por el 99% de la crítica mundial, no podía haberlo hecho con peor pie. Ni la presencia física de Halle Berry, ni la dirección de Pitof (reponsable de la sobrevalorada Vidocq) han conseguido remediar un dispárate que, a juicio de muchos, no debería haber visto la luz. Valgan como ejemplo las palabras de Alejandro G. Calvo, en su crítica de la película para Miradas de Cine: «¿hay algo más en un film como Catwoman ? Pues sí, torpeza narrativa, un mal definido acabado de las imágenes, actores en horas muy bajas y clichés hasta convertir El castigador en un film atrevido y Los Angeles de Charlie en un film posmoderno». Seguro que muchos de ustedes suscriben estas líneas al 100%.

¿Quién necesita héroes?

¿Tendrá continuidad el fenómeno de los superhéroes en el cine a largo plazo? Es difícil decirlo, pero lo cierto es que la cantera de personajes con garantías de generar un taquillazo solo con su nombre es cada vez más reducida. Por otra parte, no parece que directores como Raimi o Singer quieran pasarse el resto de su vida haciendo secuelas. Al final, es probable que personajes como los X-Men pasen a manos de directores cada vez más anónimos y el público vaya retirándole su confianza a este tipo de productos. No hay que olvidar que las nuevas generaciones de adolescentes prefieren pasar su tiempo leyendo mangas o disfrutando de héroes pixelados con los que pueden interactuar, como Lara Croft. Dentro de 10 años no es improbable que nombres como Batman o el Capitán América se hayan vuelto totalmente anacrónicos.

De momento, hay una buena cantidad de proyectos anunciados a corto plazo. Además del inminente estreno de la tercera parte de Blade, Blade Trinity, 20Th Century Fox tiene en cartera una nueva versión de Los Cuatro Fantásticos , que podría querer estrenar el año que viene. Otro de los grandes personajes de la Márvel, El hombre de hierro, podría conocer pronto una versión fílmica, aunque nada se sabe aún de su reparto o argumento. En el terreno de los rumores hay que situar las futuras adaptaciones de personajes de DC como Flash (4), Linterna Verde o Flecha verde. Todo ello sin olvidar las futuras entregas de X-Men y Spiderman, que verán la luz en dos o tres años, y posibles proyectos que involucrarían a personajes “atípicos” como Las Tortugas Ninja. Claro que si buscan personajes atípicos y taquillazos seguros, dentro de poco podrán disfrutar de la nueva película de Pixar, The incredibles, que trata en un tono paródico las desventuras de una familia de superhéroes. Si son de los que siguen pensando que jamás pagarán por un filme en el que campen tipos con poderes sobrehumanos, quizá deberían hacer caso del bueno de Hitchcock: “La verosimilitud no me interesa. Es lo más fácil de hacer” . Amen.

(1) Mucho se ha hablado de la quinta parte de Superman, un proyecto para el que el mismo Kevin Smith llegó a entregar un guión. El libreto fue rechazado por Tim Burton, que debería haber dirigido la secuela, lo que no sentó muy bien a Smith. Cuando Burton estrenó su remake de El planeta de los simios, el director de Nueva Jersey quiso demandarle “por haber plagiado el final de la miniserie de cómic “Jay & Bob el silencioso”. Afortunadamente, el tiempo está poniendo a cada uno en su sitio. Finalmente, y tras cambiar mil veces de actores, guión y director, parece que el director de la secuela será finalmente Bryan Singer.
(2) Uno de los autores más reconocidos del mundo del cómic, responsable de obras maestras como Ronin, Batman: El regreso del señor de la noche, Sin City o 300.

(3) Si están hartos de héroes taciturnos no duden en revisar Hombres misteriosos (Mistery Men,1999), una divertida parodia ácida del mundo de los superhéroes que puede resultar particularmente indigesta a los hooligans del género. En su reparto figura el mismísimo Tom Waits.

(4) En realidad, la primera aparición en el cine del Hombre Araña se remonta a 1977, cuando se estrenó en los cines europeos el episodio piloto de una serie de la CBS. Por inexplicable que parezca, la aberración conoció dos secuelas: Spiderman II (versión para los cines europeos del episodio de la primera temporada de la serie, The deadly lust) y Spiderman III: El desafío del dragón (correspondiente al episodio televisivo The Chinese web). En todas ellas encarnaba al superhéroe el imposible Nicholas Hammond.

(5) Otro que tuvo una serie televisiva, que se emitió en nuestro país.


Si a alguien le apetece completar el artículo con las nuevas películas que se están estrenando estos meses...avanti!

Usted creerá que un hombre puede volar

El cómic ha sido una de las formas artísticas más importantes del siglo XX, aunque le pese a todos aquellos que no han querido ver en esta expresión más que un divertimento sin trascendencia. Pratt, Manara o Hergé son maestros reconocidos mundialmente, cuyo dominio absoluto de la viñeta ha relegado a un papel, en ocasiones injustamente menor, a los llamados comic-book norteamericanos de superhéroes, en su mayoría provenientes de las editoriales Marvel y DC Comics.

Especialmente a partir de la segunda mitad del siglo, el fenómeno del cómic de superhéroes se convirtió en uno de los acompañamientos por excelencia para personas de todas las edades que no tenían el suficiente dinero para acudir regularmente a las salas de cine. Estos justicieros enmascarados han llegado con relativa buena salud hasta nuestros días adaptando su vestimenta y modo de actuar a los gustos imperantes de cada década,. Así, hoy conviven reductos del patriotismo más rancio, como el Capitán América, con simpáticos caraduras surgidos más recientemente como Lobo.

La industria de Hollywood no podía dejar escapar un fenómenos de masas semejante, máxime si se tiene en cuenta que la media de edad de los espectadores norteamericanos había descendido notablemente con respecto a los orígenes del séptimo arte. Existía un público potencial que abarrotaría los cines para ver las proezas de sus héroes en una pantalla grande.

Un hombre puede volar

Pese a que personajes como Flash Gordon ya habían sido adaptados, preferentemente en forma de seriales, a la gran pantalla, el subgénero de superhéroes en el celuloide se inauguraría a lo grande con Superman en 1978. “Usted creerá que un hombre puede volar”, rezaba el cartel promocional, y no engañaba. La cinta de los productores Alexander e Ilva Salkind se concibió desde el principio como un “espectáculo total” que contaba con unos efectos especiales impresionantes para la época, una dirección de Richard Donner más que digna (para algunos, no se ha podido superar), y un guión (retocado) del mismísimo Mario Puzo, autor de la novela El Padrino, que daría lugar a la obra maestra de Coppola. Superman es una de tantas películas influidas por el inesperado éxito de La Guerra de las galaxias (Star Wars, 1997), de George Lucas, y como tal, pretende ofrecer a los espectadores una historia sin complicaciones, aliñada con los mejores efectos especiales posibles.

Los buenos resultados comerciales de la cinta llevaron a los productores a exprimir la gallina de los huevos de oro, dando pie a una saga de resultados cada vez más discutibles y taquillas más discretas. Superman II (Superman II, 1980) fue en parte realizada de forma paralela a la primera entrega, con un rodaje muy accidentado que acabaría provocando la sustitución de Donner por Richard Lester. Aunque no goza de muy buena prensa, no se trata en absoluto de una película desdeñable. El guión, más oscuro que en la primera parte, trataba de humanizar al héroe, al arrebatarle durante parte del metraje su condición de invulnerabilidad. Pese a todo, a medida que se consumía la década de los 80, la saga del Hombre de Acero fue progresivamente a menos por falta de imaginación y desidia, con un Christopher Reeves cada vez menos motivado.

La tercera entrega, Superman III (Superman III, 1983) a mayor gloria del “cómico” Richard Prior resultó un fiasco artístico total carente de toda imaginación. Sin embargo, el punto más bajo de las andanzas del alienígena kryptoniano tendría lugar en la última secuela realizada hasta la fecha (1), Superman IV (Superman IV: The Quest for peace, 1987). La película, en manos del muy inadecuado Sydney Furie, está rodada sin gancho ni ritmo alguno, y presenta un discurso ramplón sobre los peligros de la amenaza nuclear que acaba provocando la carcajada.

Sin embargo, no es Superman el tipo de héroes que crea fans incondicionales (es difícil identificarse con un alienígena casi invulnerable), por lo que, aparte de incontables películas de explotation italianas, como El Hombre-puma (L´uomo puma, 1980) no se aprovechó prácticamente el tirón del héroe. Tan solo cabría resaltar la llegada a las pantallas de su prima Supergirl (Supergirl, 1984). Se trata de una película que, con la distancia, es más disfrutable que en el momento de su estreno. Es un impagable producto kitsch de baja factura por el que de forma inexplicable circulan actores de la talla de Peter O´Toole o Mia Farrow. De interpretar a la joven heroína se encargaría Helen Slater, que se ha convertido con el tiempo en actriz fetiche para los fans del género, aunque sin llegar a rivalizar con esa reina trash absoluta que es Lynda Carter, la intérprete de la serie televisiva Wonder Woman.

Que el Superman de Donner no consiguió crear escuela lo constatan las mediocres adaptaciones de comic-books realizadas durante la década de los 80, de las que se lleva la palma el paquete de películas sobre el increíble Hulk emitidas por la NBC durante los años 80, y que pretendían explotar el dudoso encanto de la serie protagonizada por Lou Ferrigno y Bill Bixby (pelucas imposibles, camisas de cuadros...el horror).

Divanes y murciélagos

Habrá que esperar a 1989 para que el subgénero vuelva a dar otra película importante. Es el año en que Tim Burton lleva a la gran pantalla otro de los más importantes superhéroes de DC Comics, Batman. La visión que el otrora enfant terrible de Hollywood ofrece de el Hombre Murciélago, inspirada en los trabajos de Frank Miller (2), es oscura y desesperanzadora, augurando de alguna manera el tono de gran parte de la producción fílmica de los años 90. En una década caracterizada por las angustias existenciales del grunge o la llegada de francotiradores de lo sórdido como Palahniuk en el campo de la literatura, no es extraño que tuviera éxito la historia de Bruce Wayne, un nuevo rico que se disfraza de murciélago para vengar la muerte de sus padres. El enorme éxito de la película provocaría un nuevo fenómeno de retroalimentación entre cine y comics. Las ventas de comic-books y novelas gráficas de Batman se dispararon a consecuencia de la película, lo que llevó a los responsables de DC a trasladar a sus páginas el ambiente gótico y enfermo que se respiraba en la cinta de Burton, con el fin de atraer a los nuevos lectores que no conocían al héroe hasta el estreno de la película.

Burton incluso llevaría sus tesis sobre el personaje aún más allá en Batman vuelve (Batman Returns, 1992) una cinta que incorpora un aureola trágica que abarca tanto a héroes como a villanos. Para Burton, tanto Batman como sus enemigos, el pingüino o la ambigua Catwoman, son seres condicionados por las circunstancias que mueven a la compasión.

Los niveles de negrura de la segunda entrega de Batman (3) provocaron un rechazo del público que Hollywood intentó enmendar con las dos nuevas entregas de la serie, a cargo del irregular Joel Schumacher. Batman forever (Batman forever, 1995) intenta inyectar color a la saga, ofreciendo un mero espectáculo pirotécnico en el que no hay mucho que rascar. Jim Carrey, en el papel del villano Enigma se come a un Val Kilmer que parece estar permanentemente sedado bajo la máscara del héroe. Pero Schumacher arruinará definitivamente al personaje en Batman y Robin (Batman and Robin, 1997), una de esas películas que nunca debieron haberse realizado, con un sentido del humor heredado de la mítica serie televisiva (lo que no es ningún halago) y unas líneas de guión que harían grande a Sáenz de Heredia. Afortunadamente, parece que las aventuras del Hombre Murciélago podrían conocer una nueva era dorada con el próximo estreno de Batman Begins, bajo la batuta del interesante Christopher Nolan y un reparto de lujo en el que llama la atención Michael Caine en el papel de Alfred, el fiel mayordomo de Bruce Wayne.

Espectros y vampiros

Esta tendencia de (anti)héroes encadenados al lado oscuro de la vida daría pie a adaptaciones de personajes como Spawn (Spawn, 1997), el terrorífico personaje de Image Comics, cuya traslación al fotograma resultó un desastre del que solo se salvaría la recreación en CG de la capa del “héroe”. En esta liga juega también El cuervo (The Crow, 1994), creación del inquietante Neil Gaiman, que inaugurará dos nuevas tendencias en el subgénero imitadas hasta la saciedad: la estética MTV (con zooms y travellings a la velocidad de la luz) y la elección de una banda sonora especialmente oscura. Grupos como The cure, Nine Inch Nails o Marilyn Manson serán nombres habituales en los títulos de crédito a partir de entonces. Por lo demás, se trata de un videoclip alargado que se hizo tristemente popular por la accidental muerte durante el rodaje de su protagonista Brandon Lee. El cuervo conocería dos secuelas: El Cuervo: Ciudad de ángelesThe Crow: City of angels, 1996), a cargo del habitual director de vídeos de The Cure, Tim Pope, y El cuervo: Salvación (The Crow: Salvation, 2000). En ambos casos, no se trata más que de variantes sobre el argumento original. Algo más interesante resultó la serie para televisión interpretada por Mark Dacascos. (

Un buen ejemplo de lo apuntado lo constituyen las dos entregas de Blade, que repescan a un personaje particularmente sombrío de la Marvel. Ninguna de ellas logra captar el espíritu original del personaje, y buena culpa de ello la tiene el hecho de que Wesley Snipes quisiera convertir al héroe en un Shaft cazavampiros. Con todo, la secuela de Blade viene a confirmar el hecho de que, en el campo de los superhéroes, segundas partes suelen ser en ocasiones bastante mejores que las entregas originales. Blade II, dirigida en el año 2002 por Guillermo del Toro, es un festín de artes marciales y sangre que el director encara con el suficiente humor para convertirlo en un producto disfrutable y ameno. Se trata de algo que no supo hacer Stephen Norrington cuatro años antes con Blade I, en la que la testosterona casposa convivía con unos efectos especiales de lo más chusco.

El éxito de Blade, un personaje secundario habitual de la serie de comic-books de Drácula que se publicó hace muchos años, convenció a los ejecutivos de Marvel Comics de que debían cambiar su política de licencias, que hasta ahora tenían muy descuidada, permitiendo lamentables adaptaciones que iban destinadas directamente al mercado doméstico. Este cambio de estrategia permitió a los grandes estudios “fichar” a los más importantes superhéroes de la editorial, propiciando la oleada reciente de estrenos que nos ha invadido en los últimos años. La operación supuso además un salvavidas para Marvel, que durante la pasada década atravesó importantes crisis financieras.

Si se tira de videoteca, es posible recuperar algunas de las mediocres versiones de que se perpetraron en su día para vergüenza de sus creadores y escándalo de sus fans. Es el caso de la psicotrónica El capitán América (Captain America, 1991), en la que el héroe se enfrenta a su archienemigo, Cráneo Rojo. Esta joya, que salió directamente a vídeo, podría ostentar el título de peor película de superhéroes hecha nunca, de no ser porque por esas fechas salió la versión fílmica de Los Cuatro fantásticos (The fantastic four, 1992). Bueno, en realidad no salió, porque es tan horriblemente mala que se prefirió no estrenarla para no dañar la imagen de los personajes y pasar las de Caín con la crítica.

Detrás de este engendro, cuyo presupuesto rondó los 2 millones de dólares, se encontraba el inigualable Roger Corman, que confió la dirección de la película a Oley Sassone, realizador habitual de series como Xena o Hércules. Para alegría de los amantes del cine basura, la película se puede encontrar (con un sonido muy malo) en mercados piratas y en programas de intercambio de archivos P2P. Tan solo por contemplar el risible disfraz de polyspan naranja de La Cosa merece la pena el espectáculo. Los fans de la caspa también pueden recrearse con las andanzas del agente de la organización S.H.I.E.L.D., Nick Furia (también de Marvel Comics), una película destinada a la TV y protagonizada por... David Hasselhoff, que se pasa la película mascando puros con cara de haber perdido en la Intertoto, o así.

7/05/2006

Mal gusto

Seguro que el autor del blog es tan poco original para cascar el top de los 80 y volver a deleitarnos con una muestra más de su escaso criterio. Como siempre, en Miradas de cine (www.miradas.net)

Terciopelo azul (Lynch) / Blade Runner (Scott) / Inseparables (Cronenberg) / Toro salvaje (Scorsee)/ Hannah y sus hermanas (Allen) / El imperio contraataca (Kershner) / Henry, retrato de un asesino (McNaughton) / En busca del arca perdida (Spielberg) / La cosaBrazil (Gilliam) / El precio del poder (DePalma) / Amadeus (Forman) / Érase una vez en América (Leone) / En compañía de lobos (Jordan) / La princesa prometida (Reiner) / La cosa(Carpenter) /

Diego dijo digo donde dije

Barry Lyndon (Kubrick)
El padrino (Coppola)
El padrino II (Coppola)
Tiburón (Spielberg)
La guerra de las galaxias (Lucas)
Annie Hall (Allen)
La noche americana (Truffaut)
Amarcord (Fellini)
Apocalypse Now (Coppola)
Chinatown (Polanski)
Taxi Driver (Scorsese)
El hombre que pudo reinar (Huston)
Tarde de perros (Lumet)
Alien, el octavo pasajero (Scout)
La huella (Mankiewickz)

La prueba definitiva de que esto de los tops no vale un duro es que a un año de enviar mi aportación para el ranking de las mejores películas de las 70 para Miradas de cine (www.miradas.net) no repetiría ni la mitad. ¿Qué se me pasaba por la cabeza para no incluir La vida privada de Sherlock Colmes, El espíritu de la colmena o El huevo de la serpiente? ¿Por qué me dejé fuera a Weir? La prueba definitiva de que no siempre vamos a peor.

7/03/2006

Prueba esto

Para Honoré de Balzac enfrentarse a un folio en blanco era un tormento al que sólo podía enfrentarse con abundantes dosis de café en vena, llegando en ocasiones a encadenarse a la silla para no sucumbir a tentaciones más placenteras. A Gogol le llevó casi veinte años poder completar Almas muertas, y acabó consumido por las dudas y por sus demonios internos. Envidio a la gente que se enfrenta al hecho de la escritura con actitud beatífica. Escribir es un tormento disfrazado de placer. Potencia el aislamiento, intensifica el sentido de la autocrítica y amplifica las paranoias.

7/02/2006

Mirando atrás sin ira



La revista online Miradas de cine está preparando un dossier sobre el cine de los 60 que nadie debería perderse. Hoy se acaba el plazo para que los colaboradores manden su top 15 de mejores películas y ahí va el mío:
  1. Grupo Salvaje (Sam Peckinpah)
  2. Onibaba (Kaneto Shindo)
  3. Ocho y medio (Federico Fellini)
  4. Pierrot el loco (Jean Luc Godard)
  5. El hombre que mató a Liberty Balance (John Ford)
  6. Jules y Jim (François Truffaut)
  7. El apartamento (Billy Wilder)
  8. El fotógrafo del pánico (Michael Powell)
  9. El graduado (Mike Nichols)
  10. Bonnie y cyde (Arthur Penn)
  11. Los pájaros (Alfred Hitchcock)
  12. Yojimbo (Akira Kurosawa)
  13. La Gorgona (Terence Fisher)
  14. Persona (Ingmar Bergman)
  15. El ángel exterminador (Luis Buñuel)
Sí, soy de ese tipo de personas que necesita categorizar su vida en listas de lo más absurdo, así que me encanta participar en este tipo de encuestas. No, el orden en que aparecen las películas es completamente aleatorio. Sí, seguro que piensas que faltan muchas películas en el top, y probablemente yo mismo lo pensaré al minuto siguiente de haberlo mandado. Es más, miro la lista y veo que no he metido ninguna de Blake Edwards. Tampoco están Dreyer, Resnais, Berlanga, Polanski... ¿No es posible ampliar el top hasta 50?

7/01/2006

Lo indecente es marginar


Pues eso, que feliz Día del Orgullo Gay :). Si hoy conseguías quedarte quieto sin bailar en la Gran Vía, sencillamente es que estabas muerto.

Podemos ser héroes


Éstos son los condenados

A principios de los años 20 del siglo pasado, Fritz Lang ostentaba en Alemania el estatus de estrella del cine. El director gozaba del reconocimiento de crítica y público por inolvidables películas como Las tres luces (Der Müde Tod, 1921) y El doctor Mabuse (Dr. Mabuse der spieler, 1922), y tenía el suficiente poder como para poder elegir, aceptar o rechazar cualquier proyecto que se le ofreciese. Con anterioridad, el director había rodado películas ambientadas en localizaciones exóticas y sentía la necesidad de rodar un documento que sirviera para difundir la cultura alemana en todo el mundo. Se ha repetido hasta la saciedad que el director quería ofrecer la respuesta a películas como Intolerancia, pero el propio Lang reconoció en más de una ocasión que no era su deseo competir “con las enormidades externas de las películas norteamericanas de la época”. Su intención no era otra que la de conseguir una obra suficientemente representativa del espíritu alemán. Este empeño le llevó la friolera de dos años, siempre bajo el paraguas de la productora Decla-Bioscop, que se había fusionado con la carismática UFA.

Pese a que el nombre de la película puede inducir a equívocos, lo cierto es que el guión de la película combina con total libertad fuentes históricas y leyendas. La responsable del libreto, Thea Von Harbou, a la sazón esposa de Lang, se basó en fases determinadas del ciclo nibelúngico. En concreto, se inspiró en El Fin de Los nibelungos, redactado entre 1160 y 1170, y El Poema de los nibelungos, fechado entre 1200 y 1210. Además, en el guión se pueden apreciar efluvios, como señala Quim Casas en su libro sobre el director, de leyendas escandinavas, “diversas adaptaciones teatrales, la trilogía de Karl de la Motte y la obra de Richard Wagner”[1].

Las leyendas nibelúngicas han sido glosadas desde hace siglos en novelas, y se han intepretado innumerables veces en los escenarios teatrales, contribuyendo así a forjar uno de los mitos más definitorios de la cultura germana. Sin embargo fue el compositor Richard Wagner, con su magna obra, Anillo del nibelungo, el que les dio la fama de la que gozan desde entonces.

Los nibelungos se estrenó en dos partes, en febrero y abril de 1924, y aún así tuvo que sufrir severos recortes de metraje. En la primera entrega, Sigfrido, el homónimo héroe protagonista se encamina a la corte de Burgundia para pedir la mano de Crimilda, hermana del rey Gunther. Por el camino se las verá con el dragón Fafnir. La sangre del dragón muerto le hará invulnerable, con excepción de una parte de su espalda en la que ha caído una hoja de tilo. Gunther pone como condición para el matrimonio que Sigfrido le ayude a conseguir la mano de Brunilda. Sigfrido, con ayuda de una caperuza mágica que le proporciona invisibilidad, ayudará a Gunther a vencer a Brunilda en una serie de pruebas atléticas, debiendo incluso disfrazarse de rey posteriormente para cortejarla. Al conocer Brunilda la verdad, manda a Hagen dar muerte a Sigfrido.

Con el título de La venganza de Crimilda, la segunda parte muestra los planes de Crimilda, que había jurado vengar a su esposo en la primera parte. Para ello se casa con Atila, rey de los hunos, y le insiste para que invite a su hermano Gunther, acompañado de Hagen y todo su séquito. Crimilda convencerá a los hunos para que ataquen a los burgundios, sucediéndose después una carnicería sin parangón hasta entonces en la pantalla grande. Al final, Crimilda apuñala a Gunther y Hagen, desplomándose poco después en el suelo sin vida.

Las diferencias entre La muerte de Sigfrido y La venganza de Crimilda son evidentes. En la primera parte, Lang se vale de dragones, enanos que custodian tesoros, cavernas inexpugnables e imposibles fortificaciones resguardadas por un mar de llamas para narrar el ciclo heroico de Sigfrido. El realizador crea un mundo que respira con aliento propio, como más tarde haría Kurosawa en películas como Trono de sangre (Kumonosu Jo, 1957), donde no importa la verosimilitud de la acción sino el placer de abandonarse al deleite estético y visual. Pero es que además, las mil y una aventuras por las que pasa el bravo héroe están rodadas con un sentido del ritmo que sorprende por su frescura y su atemporalidad, y que invita a visionar la cinta una y otra vez.

En cambio, La Venganza de Krimilda responde a la obsesión del director por las pasiones más elementales. Krimilda es una víctima del destino, pero también está consumida por un deseo de venganza que satisfará a toda costa, aún a costa de la espectacular masacre con la que se cierra la película. Sin duda, una de las escenas más recordadas de la película, además del fiero combate entre Sigfrido y el dragón que le otorgará la inmortalidad (o casi),es aquélla en la que Krimilda contempla con gesto imperturbable la matanza final, ataviada como si se tratase de la misma diosa de la muerte. A su lado, futuras femmes fatales de Lang como la Joan Bennett de Perversidad (Scarlett Street, 1945) resultan poco menos que hermanitas de la caridad.

Ambas partes tienen como eje fundamental y nexo la inexorabilidad del destino. La propia Harbou reconocía que la película había sido concebida para mostrar de qué manera la primera culpa lleva irremediablemente a la sanción final. Desde el momento fatal en que una hoja de tilo se posa sobre la espalda de Sigfrido, la progresión dramática de los personajes está regida por los designios del destino, sin que quede un mínimo resquicio para la acción del azar.

Ya en su anterior película, Las tres luces, el director reflexionaba sobre la idea de la inviolabilidad del destino. Las acciones de los personajes están regidas por sus instintos y pasiones más primarios, a los que no pueden escapar, y que acabarán provocando la orgía de sangre en la que se consumen finalmente. Quizá por esta razón, Lang no se decanta en ningún momento por ninguno de los personajes. Les enjuicia y comprende por igual, sabedor de que están condenados de antemano por pasiones ingobernables. Y es que en Los Nibelungos el director anticipa algunas de las constantes que se repetirán de forma cíclica en su filmografía, como la furia, el deseo de venganza y la búsqueda de la justicia por encima de las leyes y convenciones escritas.

La presencia del tirano Hagen Tronje ha sido interpretada por no pocos historiadores y críticos como un anticipo de los futuros dictadores que asolarían el Viejo Continente en la primera mitad del siglo XX. Señala Siegfried Kracauer en su libro De Caligari a Hitler, que determinados elementos escénicos de la película subrayan la omnipotencia de la dictadura, en especial “adornos” humanos, como la pasarela de desembarco por la que desciende Brunilda o la imagen de unos enanos encadenados que actúan como pedestales decorativos de una urna gigantesca. La autoridad absoluta de los dictadores se refleja, considera Kracauer, “disponiendo a la gente bajo su dominio en diseños agradables”, en lo que supone el triunfo de lo puramente artificioso sobre lo humano. Como se refleja en una de las película nazis por excelencia, El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl, los decorados nacionalsocialistas estaban más que inspirados en Los Nibelungos, desde interminables escalinatas a edificaciones construidas expresamente para resaltar la sensación de autoridad.

A Lang le traía sin cuidado la fidelidad a la leyenda. El director vio siempre Los nibelungos como una obra eminentemente estética. No es extraño encontrar momentos en que los personajes conforman composiciones ornamentales, como en la secuencia en que Sigfrido acude por primera vez al castillo del rey Gunther. El director filma formas arquitectónicas desmesuradas, estancias enormes rodeadas por interminables cortinajes y figuras geométricas perfectas que contrastan con unos personajes imperfectos atrapados en la rueda del destino. Lang subraya esta idea filmando en ocasiones desde una parte muy superior a donde se desarrolla la acción, empequeñeciendo adrede por igual a unos personajes que no pueden librarse de su destino con independencia de lo noble que sean sus intenciones.

Es tanta la atención que Lang prodiga al detalle que en ocasiones los personajes dan la impresión de estar deslavazados, al servicio de un diseño de producción excepcional. Los dibujos geométricos que aparecen en el vestuario y armamento de los personajes beben por igual de la antigüedad y el medioevo (la figura de Sigrido aventurándose con su caballo en los bosques neblinosos recuerda al Gran Pan de Böcklin) como de las vanguardias artísticas de los primeros años del siglo XX.

Si bien la película provoca la sonrisa en ocasiones por su encanto naif, lo cierto es que sigue extraordinariamente viva después de más de 80 años. Los nibelungos ha sido el espejo en el que se ha mirado gran parte de la filmografía de espada y brujería de hoy y de siempre. Además, como apuntaba el compañero Jorge Mauro de Pedro en su recomendable estudio sobre la película en Miradas de Cine, constituye una referencia confesa para realizadores tan míticos como Kurosawa y Eisenstein, que tomaron buena nota de la maestría con que Lang encuadra multitudes enfrentadas entre sí a cara de perro.


[1] Casas, Quim. Fritz Lang. Ed. Cátedra. Signo e imagen/cineastas. Pag. 106