
Romasanta, la caza de la bestia (Paco Plaza, 2004)
Romasanta, la caza de la bestia está basada en la historia real de Manuel Blanco Romasanta, conocido como El Hombre Lobo de Allariz, un vendedor ambulante responsable del asesinato de varias mujeres en el siglo XIX. Se trata del segundo trabajo como director de Paco Plaza tras el Segundo Nombre y, aunque la película fue bastante maltratada en el momento de su estreno, lo cierto es que la labor que realiza es sorprendentemente solvente.
La película destaca por su fantástico trabajo de recreación de la Galicia del siglo XIX y un saludable empeño de hacer de las leyendas locales de la España oscura y profunda un tema de validez universal, si bien Plaza prefiere dejar de lado los elementos fantásticos para centrarse en la historia de amor imposible, en todos los sentidos, entre el protagonista (un Julian Sands malencarado que se hace verdaderamente antipático) y Bárbara (Elsa Pataky, muy justita), lo que acaba perjudicando el interés de una producción que en ciertos momentos adolece de una falta de definición genérica.
Romasanta cuenta con una estupenda fotografía y un correctodiseño de producción, aunque ofrece un guión irregular, que deja sin atar numerosos cabos, más por descuido que por volntad(¿cuál es la verdadera naturaleza de este Romasanta: hombre-lobo, psicópata o vulgar homicida?) y una estructura dramática un tanto caprichosa, además de una puesta escena efectista y un montaje quizá demasiado frenético en ocasiones. Para el recuerdo la extraordinaria conversión de lobo a hombre, con ese pelaje que se cae por efecto de la lluvia.
Rottweiler (Brian Yuzna, 2004)
Rottweiler, de nuevo dirigida por Brian Yuzna, se vendió en su día con la zanahoria de adaptación-literaria-de-obra-de-calidad, en concreto de la novela El perro de Alberto Vázquez-Figueroa (que también participó en el guión), que por cierto ya conoció adaptación fílmica. La nueva versión está ambientada en un apocalíptico futuro en el que los inmigrantes que intentan pasar a España desde el continente africano son apresados y eliminados sin piedad. El protagonista de la función, Dante (sic), que es detenido tras intentar cruzar la frontera participando en un juego de rol, emprenderá la búsqueda de su novia Ula. Un cibernético rottweiler le pondrá las cosas difíciles.
Por si a alguien le quedaban dudas, la película no respeta en absoluto el material original, centrándose en el enfrentamiento entre hombre y can, dando como resultado un cruce de saldillo entre El diablo sobre ruedas y Terminator rodado en forma de pequeños episodios.
Se podría pasar por alto el apartado técnico (algunas escenas del ortopédico perro están calcadas sin más de la insulsa Terminator 2), si estuviera compensada por un buen hacer tras las cámaras, pero aquí Yuzna alcanza el nivel más bajo de su carrera, que ya es decir. Al filipino (que últimamente debería plantearse firmar sus obras como Alan Smithee) cabe achacarle una producción plana, planteada con un nulo sentido de ritmo y puntada por diálogos ridículamente pretenciosos y apuntes sociales metidos con calzador. Es tal el desaguisado que produce sonrojo ver como villano de la función a un Paul Naschy (¿cuando le van a dar un papel decente a este hombre?) que se esfuerza l que puede en dar la contrarréplica al pelanas de William Miller. Un desastre de película.
La monja (2005, Luis de la Madrid)
La monja nació como una broma privada en el seno de Fantastic Factory. En uno de los primeros teaser de Darkness aparecía el personaje de una monja reptando por la pared que causó sensación en Cannes. Ante las insistentes preguntas, Antonia Navas, jefa de Internacional de Filmax, aseguró que se trataba de un personaje que aparecería en una película de Fantastic más adelante. Posteriormente se encargó a Jaume Balagueró una sinopsis y un argumento y se confío para dirigir el proyecto en Luis de la Madrid, hábil montador de películas como El espinazo del diablo, Los sin nombre o Darkness.
Lo cierto es que poco podía hacer De la Madrid con el material que le vino dado, una suerte de slasher de ambientación gótica en el que una monja viene del más allá para cargarse a unas cuantas mujeres que reaccionaron contra sus brutales métodos cuando eran estudiantes. En La monja no se potencian los elementos locales, como en Romasanta, ni se adaptan originales literarios, sino que se copia al dedillo un género seguramente demasiado sobado con el objetivo de venderlo en los mercados internacionales; el resultado es una funcional concanetación de escenas mil veces vistas recorrida por un guión pavorosamente absurdo.
Eso sí, de La Madrid se resarce con ingeniosas soluciones visuales y buen trabajo de fotografía, que al menos dejan la sensación de que nos encontramos ante un director prometedor que seguramente dé mucho que hablar para bien en un futuro cercano.
Bajo aguas tranquilas (Brian Yuzna, 2005)
La última producción oficial de Fantastic Factory, Bajo aguas tranquilas, se estrenó de tapadillo, con escasa información promocional y en poco más de una decena de salas. Sin duda, a esas alturas se trataba de la crónica de una muerte anunciada. Brian Yuzna, afirmó pasárselo muy bien en el rodaje de esta película basada en una novela de horror de Matthew Costello. pero debe haber sido el único, porque la película sólo se puede disfrutar con una cantidad considerable de alcohol en sangre o bien si uno es fan del delirio psicotrónico. Los habitantes de Deberia* sufren desapariciones y muertes cuarenta años después de que se construyera una presa para inundar el pueblo maldito de Marinbad (sic). El mal ha vuelto.
En Bajo aguas tranquilas parece como si Yuzna se las hubiera ingeniado para agrupar todos los defectos que los numerosos detractores de la Fantastic se han empeñado en resaltar desde el principio: un guión execrable y lleno de tópicos del género, un doblaje lamentable, interpretaciones pasadas de vuelta como la de Manuel Manquiña o Pilar Soto, desnudos gratuitos y algunos de los cameos más surrealistas que uno recuerda, como el de David Meca; una película tan fallida que ni siquiera vale la pena hacer demasiada sangre.
3.- Desenlace
Bajo aguas tranquilas supuso un más que amargo final para la aventura de la Fantastic Factory que, agobiada por problemas financieros y después de no renovar el contrato que le vinculaba Brian Yuzna, cerraba sus puertas tras nueve películas. Queda fuera de toda duda que es muy loable la casi suicida aventura de apostar por un género que habitualmente no ha sido muy bien tratado en España. Sin embargo, las mejores intenciones no bastan si los productos no están a la altura, y lo cierto es que en el seno de la compañía directores olvidados como Jack Sholder o el mismo Yuzna han rodado algunas de sus peores películas, sin ganas y sin interés. Quizá otro gallo hubiera cantado si en lugar de apostar por estas viejas glorias de los ochenta se hubiera dado más cancha a jóvenes directores españoles, porque lo cierto es que las mejores películas de la Fantastic Factory, como Romasanta y Darkness, cuentan con firma patria.
Dejando a un lado el trasfondo económico de la defunción de la factoría fantástica, el final de la productora quizá también supone un colleja para los defensores a ultranza del género fantástico que en más ocasiones de lo recomendable tratamos de hacer comulgar con ruedas de molino al público, bien por ciego fanatismo, bien por otro tipo de intereses. Se corre el riesgo así de ser demasiado indulgentes con algunas producciones que a todas luces deberían haber sido estrenadas directamente en vídeo. La historia de la Fantastic Factory, y es una verdadera lástima por el esfuerzo de tantos profesionales involucrados en el proyecto, es la de una oportunidad perdida.
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