
El cine del canadiense David Cronenberg nunca ha sido fácil o clasificable. Sus películas están habitadas por instrumentos quirúrgicos para mujeres mutantes, fusiones de carne y metal y mentes fragmentadas que operan como metáfora de una sociedad en descomposición. Las taras mentales de los personajes acaban degenerando en sus obras en enfermedades físicas, explosiones de sangre y pus incluidas.
Hay quien piensa que el cineasta se ha domesticado en los últimos tiempos, puesto que sus penúltimas producciones, como Spider o Una historia de violencia, carecen de las imágenes truculentas que explotara tiempo atrás. Es una falsa alarma. Cronenberg no ha renunciado a explorar los rincones más oscuros y sádicos de la mente humana, aunque ahora lo hace bajo una impecable capa de corrección formal.
El nuevo cine de canadiense, que prefiere sugerir antes que desnudarse de forma explícita, está más abierto que nunca a múltiples lecturas y aristas. Justo en esa línea se inscribe su nueva película, Promesas del Este, elegida para abrir el festival de San Sebastián y que ya se ganó el fervor de la crítica en el festival de Toronto.
Promesas del Este podría formar perfectamente un díptico con Una historia de violencia por muchas razones. Ambas obras son thrillers de factura clásica protagonizados por anti-héroes de mentalidad escindida y moral reprobable. Son obras de encargo que el director sabe moldear para continuar dando rienda suelta a sus obsesiones. Las dos cuentan, además, con un camaleónico Viggo Mortensen en estado de gracia que parece haberse convertido en actor fetiche del director. "Conozco tanto a Viggo que le manipulo como quiero", señala con sorna Cronenberg al respecto.
En esta ocasión Mortensen da vida a Nikolai, un miembro de la mafia rusa de Londres cuya vida cambia al encontrarse con Anna (Naomi Watts), una comadrona que buscando las raíces de una adolescente muerta en un parto saca a la luz hechos que podrían propiciar una despiadada venganza entre clanes.
Promesas del Este está basada en un libreto de Steve Knight, guionista de Negocios ocultos, y al igual que en esta cinta de Frears, recoge el Londres subterráneo, el de las peleas entre mafias y la cara oculta de la inmigración. Se trata del escenario perfecto para situar los brutales estallidos de violencia física que salpican la película, especialmente en la escalofriante escena en la que un Nikolai desnudo en un baño de vapor elimina a dos asesinos que vienen a matarle.
Con la excelente Promesas del Este, Cronemberg vuelve a rubricar un estado de forma envidiable.